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The Truth About Homosexuality
by Fr. John Harvey, O.S.F.S. (Ignatius Press, 1996)
"There is a whole population being ignored today by
the psychological field. Those who have Same Sex
Attraction and want the opportunity to be healed.
I pray the following information is beneficial and
encourages many to search for professionals that are
aware and trained to work with men and women who
have Same Sex Attraction." Mary Camejo
The Origins and Healing
of Homosexual Attractions
and Behaviors
Richard P. Fitzgibbons, M.D.
At the present time most Catholics have little to no
understanding of the emotional causes of homosexual
attractions and behavior nor of the powerful role
that Catholic spirituality can play in the healing
of this disorder. The reasons for this state of
ignorance are numerous and include the scant
literature available on the value of the Catholic
Faith and sacraments in the resolution of homosexual
attractions and acts; failure of traditional therapy
to resolve homosexual behavior; views within the
American Psychiatric and Psychological Associations
that homosexuality is not a disorder; and the
influence of powerful groups within the media and
educational, social service, health and political
fields. In addition, there are many factions within
the Church herself that are opposed to and are
attempting to undermine traditional Catholic moral
doctrine on this issue.
Read the rest of this article...
On-line Catholic Counseling...the Wave of the Future...Is Here!
by Mary Camejo
During the first CatholicTherapist.com conference in
June of 2003, Fr. Benedict Groechel exhorted all
those present to go forth and make bold changes in
the field of Psychology. He sparked in me the idea
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Holy Father, John Paul II, stated on World
Communication Day, May 27, 2001, "Even though the
world of social/communications may at times seem at
odds with the Christian message, it also offers
unique opportunities for proclaiming the saving
truth of Christ to the whole human family.
Consider... the positive capacities of the Internet to
carry religious information and teaching beyond all
barriers and frontiers. Such a wide audience would
have been beyond the wildest imaginings of those who
preached the Gospel before us... Catholics should not
be afraid to throw open the doors of social
communications to Christ, so that his Good news may
be heard from the housetops of the world."
Online counseling affords the opportunity to reach
Catholics and non-Catholics throughout the world,
with a faith-based psychological approach. Use of
the Internet for counseling is an innovative yet
effective method that is not to be seen as a
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alternative. Counseling on line provides great
flexibility of location and time and utilizes a
variety of communication modes including email,
instant messaging, telephone, video-conferencing and
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It is my fervent belief that Catholic counseling and
psychotherapy is a ministry and a gift from God to
proclaim the civilization of Life and Love. Online
counseling has made that ministry boundless. Already
people from around the world
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States have made both psychological and religious
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triumph in our world!
I, Mary Camejo, am a Catholic Therapist
in Miami, Florida and a member of
CatholicTherapists.com. I hold a Masters degree in
Mental Health and am a National Board Certified
Counselor Licensed in the State of Florida.
I have served many Catholics throughout the last
four years in private practice. I truly consider
counseling an opportunity to grow in the Spirit of
Christ and to bring His Spirit to all whose lives I
touch in counseling and psychotherapy.
God bless You.
Orígenes y la Curación de Atracciones Homosexuales
By Richard Fitzgibbons, Medico Psiquiatra
Posted by the Culture of Life Foundation - En la actualidad la mayoría
de los Católicos tienen poco o ningún entendimiento de las causas
emocionales de las atracciones y comportamiento homosexuales, y del
poderoso papel que la espiritualidad católica puede representar en la
curación de este desorden. Las razones de esta ignorancia son numerosas,
e incluyen: la escasa difusión de escritos que traten sobre el valor de
la Fe católica y los sacramentos en la desaparición de actos y
atracciones homosexuales; el fracaso de la terapia tradicional en la
resolución de comportamiento homosexual; opiniones en las asociaciones
americanas de Psiquiatría y Psicología de que la homosexualidad no es un
desorden; la influencia de poderosos grupos sobre los medios de
comunicación de masas y los ámbitos de la educación, servicios sociales,
salud y política. Además, hay muchas facciones dentro de la misma
Iglesia que se oponen y tratan de desvirtuar la doctrina moral
tradicional católica sobre este tema.
El fracaso de no entender las verdaderas causas de la homosexualidad se
extiende a aquellos que dirigen a adolescentes y adultos con este
desorden. Los terapistas frecuentemente dicen a aquellos que buscan
ayuda en este sentido que la doctrina de la Iglesia sobre la
homosexualidad es insensible hacia los homosexuales, poco científica, y
errónea. Se les aconseja pues que se acepten como personas creadas
homosexuales por Dios. Desafortunadamente, los que aconsejan de esta
manera son generalmente poco conscientes de los conflictos emocionales
que conducen a atracciones homosexuales, y del poder de curación
existente a través del perdón y de la espiritualidad Católica.
En mi experiencia clínica de los últimos veinte años he sido testigo de
la resolución del dolor emocional que causaba las tentaciones y el
comportamiento homosexual en varios cientos de hombres y mujeres. Su
proceso de curación ocurrió, primero, a través de una psicoterapia
orientada hacia la introspección, que identificaba los orígenes de sus
conflictos, y luego, por medio del perdón y de una espiritualidad
católica. Tal enfoque es similar en muchos sentidos al uso de la
espiritualidad en el tratamiento de desórdenes de abuso de sustancias.
De hecho, las mejoras radicales en el tratamiento de desórdenes
adictivos de este tipo ocurrieron sólo después de que la confianza en
Dios se propusiera como la piedra angular del tratamiento.
Anteriormente, la psicoterapia tradicional por sí sola producía mejorías
mínimas. El uso de la espiritualidad católica en el tratamiento de la
homosexualidad ha seguido un modelo parecido.
Los Orígenes de Atracciones y Comportamientos Homosexuales
Los conflictos más comunes en las diferentes etapas de la vida que
predisponen individuos hacia atracciones y comportamiento homosexuales
son soledad y tristeza, desconfianza y miedo, profundos sentimientos de
ser inadecuado y falta de aceptación de si mismo, narcisismo, exceso de
enfado, abuso sexual temprano y falta de estabilidad en la vida
combinada con apabullantes sentimientos de responsabilidad. Durante
periodos de stress estas dificultades internas se activan. En un
intento por encontrar alivio o un escape a este inconsciente dolor
emocional pueden ocurrir fuertes tentaciones y comportamiento
homosexuales. Esta dinámica de sufrimiento emocional que conduce a
deseos y actividad homosexual se manifiesta raramente durante la
infancia, mientras que se revela normalmente al principio de la
adolescencia.
Tristeza y Soledad
La causa más frecuentemente vista en el pasado de la tristeza que
conduce a atracciones homosexuales en chicos era el resultado de un
rechazo durante la infancia y adolescencia por parte de sus compañeros,
con motivo de sus limitadas aptitudes atléticas. Muchos niños que tienen
mala coordinación psicomotriz no son buenos en los deportes más
practicados, y reciben duras y crueles críticas de sus compañeros.
Posteriormente aparecen poderosos sentimientos de soledad, tristeza y
aislamiento. El ansia de ser aceptados y queridos por sus compañeros
resulta en fuertes atracciones emocionales hacia los del mismo sexo, lo
cual lleva a muchos jóvenes a concluir que son homosexuales.
Más recientemente el fracaso matrimonial y familiar, con casi un
cuarenta por ciento de niños y adolescentes que viven separados de sus
padres,[2] ha producido serios problemas de tristeza y soledad en
nuestra juventud. El Papa Juan Pablo II en su "Carta a las Familias" ha
descrito la trágica suerte de estos jóvenes, caracterizándo a muchos de
ellos como "huérfanos con padres vivos." Cuando no se satisface la
necesidad de cariño, aprobación, afecto físico y ánimo de un padre, se
desarrolla un vacio interior comunmente llamado hasta la fecha "hambre
de padre." En un intento de superar este dolor, algunos adolescentes y
jóvenes adultos buscan el confort de ser abrazados por otro hombre.
Ted creció en un hogar en el que su padre tenía muy poco tiempo para la
familia por razón de su exigente carrera profesional. El padre de Ted se
marchaba por la mañana temprano al trabajo, volvía agotado la mayoría de
las noches, y también trabajaba los sábados. En la infancia Ted se
sintió muy solo deseando que su padre fuera más accesible y cariñoso. En
su temprana adolescencia, Ted experimentó atracciones homosexuales hacia
chicos y hombres mayores, y luego fantasías homosexuales de ser amado
por ellos.
Mientras que muchos hombres no han recibido el ánimo y afecto físico de
sus padres, y nunca han desarrollado atracciones homosexuales, los
particularmente vulnerables son aquellos que, a causa de limitadas
actitudes atléticas, tampoco fueron aceptados por sus compañeros. En mi
experiencia clínica he observado que mientras más temprano es el
abondono paterno, mayor es la posibilidad de que se desarrollen
tentaciones homosexuales. También, en algunos chicos especialmente
sensibles un continuado mal trato por parte de hermanos mayores produce
una soledad interior que lleva a deseos homosexuales.
La falta de cariño, afectos y ánimo de una madre también puede producir
un vacio y terrible tristeza. Algunas chicas intentan llenar ese vacio
del amor materno dulce y consolador por medio del comportamiento
homosexual. Esta "soledad sin madre" no se observa tan a menudo como la
"soledad sin padre," porque las madres generalmente tienen mucha más
libertad a la hora de comunicar su amor y su ánimo a los hijos de lo que
lo hacen los padres.
Sue era la más joven de tres hijos, y tenía cuatro años cuando su madre
los dejó. Vió a su madre intermitentemente durante su infancia, pero
nunca sintió intimidad con ella. Sue salió con chicos varias veces en el
Instituto y sobre los veinte años se vió envuelta en relaciones
homosexuales. Entró en psicoterapia para resolver la tristeza y el
enfado con su madre. Conforme su entendimiento del problema crecía, se
dió cuenta que ninguno de los chicos con los que había salido podía
proporcionarle el afecto que la niña pequeña en su interior todavía
ansiaba de su madre. Durante un tiempo el afecto y amor de sus novias le
consolaba. Sin embargo, estas relaciones no la satisfacían. Sue poco a
poco vió que la niña pequeña que llevaba dentro necesitaba curarse del
dolor de esa "soledad sin madre" antes de que pudiera tener una relación
adulta de amor estable.
Algunos adultos que están muy frustrados y solos porque todavía no han
encontrado la persona correcta para casarse caen en un comportamiento
homosexual en su intento de aliviar esa soledad. Personas casadas pueden
cometer actos homosexuales como resultado de stress y soledad en su
matrimonio. También, la tristeza y soledad que ocurre después de un
fracaso matrimonial o una relación heterosexual seria puede resultar en
comportamiento homosexual, porque estos individuos tienen miedo de
volverse vulnerables ante alguien del sexo opuesto. En mi trabajo he
visto este modelo de conducta ocurrir más frecuentemente en mujeres.
Puesto que la soledad es una de las experiencias más dolorosas de la
vida, enormes cantitades de energía se gastan inconscientemente en un
intento de negar la presencia de ese dolor tan debilitador. Como
consecuencia, muchos individuos ni siquiera saben que están luchando
contra esa profunda herida emocional. Frecuentemente tienen miedo de
afrontarlo, en parte porque no creen que se pueda curar. De hecho, los
que así piensan llevan razón cuando sus intentos de curarse excluyen la
espiritualidad, porque no hay cantidad posible de amor de otros adultos
por grande que sea que pueda compensar lo que uno no recibió de su
padre, madre, hermanos, o compañeros en la infancia y adolescencia.
Lógicamente, muchos hombres y mujeres con estas dolorosas heridas
emocionales de soledad prefieren creer que son homosexuales antes que
enfrentarse con su terrible tristeza interior.
El fracaso de cualquier relación adulta a la hora de llenar el vacio de
la soledad infantil y adolescente es la mayor causa de la extraordinaria
promiscuidad en el estilo de vida homosexual, que algunos estudios
refleja una media de sesenta compañeros/as sexuales al año.
Inconscientemente, un compromiso estable no se busca porque se siente
que ningún adulto puede satisfacer al niño y adolescente interior. La
poderosa desgracia y desazón de estos individuos produce un
comportamiento sexual altamente peligroso, y explica las cifras del 30
al 46% de los hombres envueltos en coito anal sin protección y
anilingus.[3] Tal proceder compulsivo y patológico apoya la idea de que
la homosexualidad es un serio desorden emocional, mental, y de
comportamiento.
Los conflictos de soledad y tristeza se pueden manifestar de muchas
formas aparte de un comportamiento sexual activo. Por ejemplo,
actuaciones infantiles de dependencia, una constante necesidad de
atención y afecto, una excesiva fantasia sexual, masturbación
compulsiva, atracción hacia adolescentes, dependencia de pornografía,
comportamiento narcisista, agotamiento, y síntomas de depresión.
Débil Identidad Masculina
Otra importante causa de tentaciones homosexuales y actividad sexual es
el resultado de fuertes sentimientos de inseguridad. La desconfianza se
suscita por el rechazo de padres, compañeros, hermanos, u otras personas
significativas en las cuales se ha puesto confianza. En un intento
inconsciente de deshacer una historia de rechazos, la persona busca
reafirmarse y ser aceptado por miembros del mismo sexo. En mi
experiencia clínica este doloroso conflicto emocional se observa mucho
más frecuentemente en hombres.
La auto-estima se basa principalmente en la aceptación de un modelo de
conducta en la primera infancia, el niño el de su padre y la niña el de
su madre. Todo niño pequeño añora el ser aceptado, el apoyo y ánimo de
su padre, y de tal forma establece un sentido positivo y un grado de
bienestar consigo mismo. Aunque el amor de una madre es esencial para
los niños, no es tan importante como el amor y la afirmación paterna a
la hora de formar una sana identidad masculina. La falta de reacciones
positivas de un padre produce una seria debilidad en la imagen masculina
y una falta de auto-aceptación. Muchos de los que sufren atracciones
homosexuales crecieron de niños pensando que nunca podrían agradar a sus
padres.
Los hermanos mayores también juegan un papel importante en la
implantación de una positiva identidad masculina en la infancia.
Rechazos en tales relaciones pueden producir serias debilidades de
auto-estima masculina.
Sin embargo, las desilusiones más comunes de la vida infantil que
producen atracciones homosexuales son el resultado de rechazos por
compañeros con motivo de una deficiente coordinación psicomotriz y
atlética. Esta es una limitación especialmente dura de llevar en una
cultura obsesionada hasta tal punto con el éxito en actividades
deportivas que se llega a considerar ese éxito como indicador principal
de la masculinidad. Los niños que no son buenos atletas son casi siempre
los últimos en ser elegidos para un equipo, y a menudo son víctimas del
rechazo y el ridículo. Frecuentemente se les coloca apelativos
femeninos, con el uso de palabras tan penosas como "sissy, fairy,
queer," marica, hada, extraño (=marica). También se les llega a decir
que corren o actuan como una niña. Conforme el dolor de traiciones por
parte de compañeros continua año tras año, estos chicos se sienten cada
vez más inadecuados, confusos, aislados, solos, y débiles. El maltrato
de compañeros produce en ellos una muy deficiente imagen de su propio
cuerpo, y un deficiente sentido de su propia masculinidad.
Tales chicos pueden llegar a ser chivos expiatorios de sus compañeros,
quienes les insultan en un intento de realzar su propia auto-estima. En
el colegio se les victimiza particularmente durante la clase de
gimnasia. A menudo han referido el sentirse torturados por sus
compañeros. Esta angustia puede llegar a ser tan dañina que anule los
beneficios psicológicos de una positiva relación con el padre. Para
muchos de estos chicos las atracciones homosexuales comienzan en sexto o
séptimo cursos. La atracción siempre es hacia adolescentes fuertes y
atléticos.
En los años 50 y 60, cuando todavía era posible investigar abiertamente
sobre las causas de la homosexualidad, un estudio de 500 varones en
Nueva York que se consideraban homosexuales reveló que por encima del
90% de ellos tenían problemas de coordinación atlética y que de pequeños
fueron objeto de varios niveles de humillación por sus compañeros.
Muchos contaron que no sólamente se sentían fracasos como varones porque
o no eran buenos o no les gustaba el deporte, sino que también sentían
que desilusionaban a sus padres, los cuales —en su opinión— esperaban
que les fuera bien atléticamente. La falta de interés por los deportes
interfería en la relación y unión íntima de padre-hijo.
La necesidad de ser aceptado por otros varones es esencial para el
desarrollo de una positiva identidad masculina, y precede al nivel de
desarrollo adolescente. Si una auto-acepatación no ocurre o no se
consigue por medio de la afirmación de otros compañeros, raramente podrá
un niño encontrarse atraido a niñas.
Lou era un muy buen estudiante universitario que había considerado desde
su temprana adolescencia que podría tener una vocación al sacerdocio.
Sin embargo, el mayor obstáculo en este camino era la presencia de
atracciones homosexuales, las cuales comenzaron cuando tenía trece años.
Buscó el consejo de un sacerdote en su Universidad, quien le dijo que
continuara con la idea del sacerdocio y que tratara de aceptar su
homosexualidad y sentirse cómodo con ella, puesto que así era como Dios
lo había creado. En aquel momento ni Lou ni este sacerdote tenían la
menor idea de la influencia que en sus deseos homosexuales había
ejercido el constante rechazo de compañeros que sufrió en su infancia y
adolescencia. Sus compañeros a menudo usaban apodos femeninos con él
porque, según ellos, lanzaba la pelota como una niña. También hizo de
chivo expiatorio por ser el más listo de la clase.
Lou decidió que no podría tomar el camino del sacerdocio porque no sería
capaz de vivir consigo mismo si intentase llevar una doble vida,
involucrado en actos homosexuales y al mismo tiempo presentándose ante
la comunidad católica como sacerdote célibe. Por varios años intentó
vivir como homosexual. Más tarde buscó ayuda psicológica porque sentía
repugnancia sobre muchos apectos de ese estilo de vida, especialmente de
la promiscuidad extrema y el abuso de sustancias. No podía aceptar que
eso fuera el plan de Dios para su vida.
La influencia de los rechazos de compañeros en el desarrollo de deseos
homosexuales me fue confirmada de nuevo hace varios años en la
conferencia nacional de Courage, "Valentía," en Rosemont College a las
afueras de Philadelphia. Tras una charla sobre los orígenes y la
curación de la soledad y el enfado en aquellos afectados por atracciones
homosexuales, toda la hora siguiente de debate la ocuparon historias
personales —en primera persona— de identidades masculinas heridas y los
diferentes tipos de comportamientos sexuales que se relacionan con
rechazo infantil y adolescente en los deportes. Estos hombres admitían
que los rechazos de sus compañeros jugaron un papel mucho más importante
en el desarrollo de sus atracciones homosexuales que las heridas de sus
relaciones padre-hijo.
Los conflictos básicos de baja auto-estima se manifiestan de diversas
formas en varones con atracciones homosexuales. Estos incluyen: una
atracción obsesiva hacia hombres atléticos y musculares; fantasias de
poseer otro cuerpo; una necesidad excesiva de actuar de manera fuerte o
agresiva; una necesidad compulsiva de incrementar su musculatura; y un
profundo sentimiento de no ser amados.
Miedo y desconfianza
Miedo de ser vulnerable en relaciones heterosexuales es otro factor
importante en el desarrollo de atracciones homosexuales. Esta inabilidad
de sentirse seguro amando a alguien del sexo opuesto es normalmente
inconsciente y se origina la mayoría de las veces a partir de
experiencias traumáticas en la casa. En chicos puede ser la consecuencia
de haber tenido una madre que era demasiado controladora, excesivamente
necesitada o dependiente, enfadada y crítica, poco afectiva y fría,
narcisista e insensible, muy desconfiada, adicta o enferma. En chicas el
miedo de confiar de cualquier varón en una relación amorosa puede surgir
de haber tenido un padre que era muy enfadadizo, rechazador y distante,
insensible hacia su madre, abusivo, duro, egoista, adicto, o falto de
cualquier afecto. Hoy, el dolor del abandono de un padre a causa del
divorcio es una de las mayores fuentes de desconfianza de chicas a
chicos, las cuales desarrollan una fobia inconsciente de ser heridas
como vieron que lo fueron sus madres. Como consecuencia, por un periodo
de tiempo se sienten seguras sólo con el amor consolador de otra mujer.
Diane era una joven arquitecta cuyo padre era un enojado alcohólico.
Ella había presenciado años de abuso físico y psicológico de él con su
madre. En su temprana adolescencia le atraían los chicos y salió con
ellos, pero en la Universidad se encontró mucho más a gusto con otras
chicas. Acabó por darse cuenta de que tenía un poderoso miedo de ser
herida como su madre si se comprometía a un hombre. A Diane no le
satisfacían emocionalmente, físicamente o espiritualmente sus relaciones
homosexuales. En terapia reconoció que su padre controlaba sus
relaciones con chicos y decidió actuar resueltamente para romper ese
dominio paterno sobre sus relaciones.
La madre de Pete era una mujer muy sarcástica que había tenido a su vez
un padre alcohólico. Raramente vió Pete a su madre mostrar algún afecto
hacia su padre, y lo normal era que fuese muy crítica con él. Pete acabó
por entender que la necesidad compulsiva de su madre de controlar las
cosas en casa venía del miedo e impotencia que ella había experimentado
en su propia familia como resultado del kaos que acompañaba a un padre
bebedor. Pero Pete encontraba el control de su madre asfixiante y, como
consecuencia, hizo lo que pudo para mantenerla a distancia. Puesto que
ella era su fundación para relacionarse con otras chicas, Pete no se
sentía emocionalmente compatible con las chicas que encontraba
atractivas. Temía que si se volvía vulnerable acabarían por ser tan
insensibles como lo era su madre con él y con su padre. Sus tentaciones
homosexuales se desarrollaron por el miedo a confiar en un amor de mujer
y su necesidad de afecto de alguien en quien pudiera confiar.
La desconfianza también puede desarrollarse como resultado de vivir en
una casa con frecuentes conflictos y peleas entre los padres. Puesto que
la relación de los padres es el modelo para un niño/a de lo que es una
relación amorosa heterosexual, un matrimonio mermado por constante dolor
y conflicto puede llevar a que el hijo/a desarrolle un miedo de volverse
vulnerable hacia los del sexo opuesto. Este miedo puede llevar a algunos
a caer en una relación homosexual. Una dinámica similar se presenta a
veces después de un divorcio, cuando muchos adultos tienen miedo de ser
heridos por los del sexo opuesto y se retraen a una relación homosexual.
Debe saberse, también, que la epidemia de divorcios en nuestra cultura
está resultando en un miedo significativo entre jóvenes adultos al
compromiso en relaciones heterosexuales.
Desconfianza y miedo de un compromiso completo a una persona son
extremamente comunes en los que sufren atracciones homosexuales. La
promiscuidad rampante con fidelidad a nadie es una de las
manifestaciones más llamativas de tal miedo al compromiso. Según el
doctor William Foege, director de los Centros de Control de Enfermedades
(Centers for Disease Control), la víctima media de SIDA ha tenido
sesenta compañeros sexuales en los pasados doce
meses.[4]Espiritualmente, esta desconfianza se muestra en los católicos
como una desconfianza del Señor, de Dios Padre, como un padre afectuoso,
o de María como una madre afectuosa.
Desorden Adictivo
El comportamiento sexual compulsivo, altamente peligroso y amenazador a
la vida en un gran porcentaje de homosexuales puede indicar la presencia
de un desorden adictivo en estos individuos. Mientras que la específica
categoría diagnóstica de adicción sexual no ha sido todavía
oficialmente aceptada en el campo de la salud mental, existen programas
clínicos en varios puntos del país para el tratamiento de adicciones
sexuales, y también existe una revista dedicada enteramente al tema de
adicciones sexuales. Estas adicciones se asemejan a los desórdenes de
abuso de sustancias en que los individuos que las protagonizan son
sujeto de comportamienos compulsivos y médicamente dañinos. También, un
poderoso auto-engañamiento se hace presente en cuanto al serio peligro
que esos comportamientos compulsivos entrañan para la salud propia y la
de otros.
La opinión clínica de que el comportamiento homosexual tiene mucho de
adictivo en su naturaleza la apoyan numerosos estudios de las prácticas
homosexuales y las mejores estimaciones recientes de que la mitad de
todos los homosexuales varones en la Ciudad de Nueva York portan el
virus del SIDA.[5] A pesar del peligro de contraer esa enfermedad,
enormes cantidades de hombres no se protegen sexualmente. Reportajes de
este comportamiento altamente peligroso incluyen un estudio de 1991
sobre homosexuales en dieciseis ciudades, que reveló que el 31% de los
entrevistados había participado en coito anal sin protección en los dos
meses anteriores a su entrevista. El Instituto Nacional de la Salud ha
estimado que con las presentes tasas de crecimiento infeccioso la
mayoría de jóvenes gay o bisexuales de veinte años en todo el país
contraerán con el tiempo el virus del SIDA.[6] Un estudio de 425 hombres
bisexuales o homosexuales de edades entre diecisiete y veintidos años en
San Francisco y Berkeley reveló que aproximadamente un tercio admitió
haber participado en coito anal no protegido en los seis meses
anteriores. Una encuesta nacional de hombres gay mostró que el 41% han
practicado anilingus (lengua sobre o en el ano), y un 46% algunas veces
ha practicado sexo en condiciones de riesgo consideradas más elevadas de
lo que deberían.[7] También, el artículo de Michael Warner en el
ejemplar del 31 de enero, 1995, de "the Village Voice," "Why Gay Men Are
Having Risky Sex," (Por qué los hombres gay practican sexo ariesgado),
describe un comportamiento homosexual similarmente compulsivo,
auto-destructivo e irresponsable sin protección. La naturaleza adictiva
del comportamiento homosexual explica por qué las infecciones del virus
del SIDA se han cuadriplicado en San Francisco desde el 1987.
Estos estudios apoyan la opinión clínica de que la homosexualidad es un
desorden de características extremadamente compulsivas, altamente
peligrosas y auto-destructivas. Muchos terapistas consideran esta
adicción, al igual que otras, producida por numerosos conflictos
emocionales. En muchos individuos su comportamiento homosexual es
frecuentemente precedido del uso del alcohol y de drogas.
El Padre Mike se involucraba en comportamiento homosexual peligroso y
compulsivo después de consumir alcohol, normalmente los domingos por la
noche. Tales actividades siempre iban seguidas de una enorme
culpabilidad, porque el Padre Mike verdaderamente deseaba seguir las
enseñanzas de Jesucristo y la Iglesia. Conocía el valor del celibato y
quería vivirlo. Afortunadamente, fue capaz de entender y poner medios en
el tema del alcohol y las adicciones sexuales.
Narcisismo
El narcisismo o egoismo es otro factor principal que influye en la
atracción a un estilo de vida homosexual. Hay varios aspectos
atrayentes, como el no tener que comprometerse a una persona y no tener
que darse completamente como padre. Existe un deseo de permanecer
infantilmente con obligaciones mínimas en relaciones y con pocas
limitaciones en la búsquedad de placer. El hedonismo está asociado a
muchos de aquellos envueltos en un comportamiento homosexual.
Otra seria manifestación del narcisismo de un estilo de vida homosexual
es la de albergar pensamientos de grandeza. Tales razonamientos llevan a
pensar que uno es muy superior a los demás, y que es tan especial y
excepcional que incluso es inmune al virus del SIDA. Ilusiones de
grandeza e irresponsabilidad extrema influyen en gran parte en las
prácticas sexuales arriesgadas de un buen número de homosexuales en la
actualidad. No sólamente dejan de protergese de manera frecuente, sino
que en su egocentrismo también dejan de advertir a sus compañeros
sexuales sobre si portan o no el virus VIH.
Anthony era un joven extremadamente egoista, y en eso se parecía mucho a
su madre. En su niñez se sintió privado emocional y materialmente,
porque su madre gastaba la mayoría de los modestos ingresos familiares
en ella misma. Recordaba por ejemplo sentirse siempre avergonzado de las
ropas que llevaba de pequeño. Como reacción a esas privaciones pensaba
que la vida le debía mucho. Su mundo llegó a estar completamente
centrado en sí mismo. Anthony creía poder usar a la gente para
satisfacer constantemente su impulso por el placer, y no albergaba
ningún serio conflicto moral por el hecho de juntarse con una media de
sesenta a cien compañeros sexuales al año.
Intentos de Evadirse de un Excesivo Sentido de Responsabilidad
Algunos intentan escaparse de excesivas presiones y cargas participando
en actividades homosexuales en las que no hay compromiso, obligación o
responsabilidad. Hombres casados a veces luchan contra una intensa
inseguridad después de experimentar el stress de un jefe negativo, una
falta de éxito profesional, o una ansiedad arrolladora por
preocupaciones financieras. Entonces pueden empezar a ver a sus esposas
e hijos como cargas y dificultades más que como regalos de Dios. Se
involucran en comportamiento homosexual en un intento de evadirse del
stress y de sentirse más queridos y especiales. Una vida desiquilibrada
junto con pensamientos perfeccionistas llevan a sentir responsabilidad
excesiva. Este conflicto interfiere con la abilidad de estar tranquilo y
recibir el don del amor que viene de la familia, amigos, y aún más del
Señor, del Padre, del Espíritu Santo y de María.
Jim era un agradable hombre casado y con dos hijos. Disfrutaba de su
trabajo; sin embargo, éste era extremadamente exigente y lleno de
presiones. Su esposa, Jean, también tenía una carrera ocupada y llena de
stress. Por las tardes, además de atender a sus hijos, los dos ocupaban
tiempo en sus respectivas carreras, con el resultado de que estaban poco
tiempo juntos. Bajo tal stress Jim empezó a visitar librerias de adultos
cerca de su trabajo, y allí a involucrarse en actos homosexuales
anónimos. A estas acciones seguía una culpabilidad tormentosa porque
sentía que había traicionado a su esposa y sus hijos, y también a Dios.
Cuando un marido está emocionalmente distante o ausente de una familia,
la esposa puede sentir una soledad intensa y, como consecuencia,
depender emocionalmente de un hijo. A menudo hablará con él cosas y
preocupaciones que normalmente compartiría con su esposo. Mientras que
la mayoría de los jóvenes en tal situación familiar disfrutan de la
relación con sus madres, inconscientemente empiezan a preocuparse
excesivamente y a sentirse demasiado responsables por ella.
Posteriormente se puede desarrollar de forma inconsciente una visión del
amor femenino como cargante y agotador.
Ralph era el mayor de tres hijos y creció en un hogar en el que su padre
tenía gran dificultad en comunicar su amor. La necesidad de su padre de
distanciarse de otros era a su vez el resultado del alcoholismo de ambos
sus padres. Las heridas en la infancia de este hombre le incapacitaban a
darse porque no se sentía seguro y relajado en relaciones amorosas. Como
consecuencia, la madre de Ralph era extremadamente infeliz en su
matrimonio y se divorció cuando Ralph tenía doce años. Recordaba el
sentimiento de que, como resultado del divorcio, él se había convertido
en el hombrecito de la casa y que debía hacerse responsable de su madre
y de sus hermanos pequeños.
Cuando Ralph tenía trece años, le gustó mucho una niña de su clase. Pero
le confundía el que no sentía atracción física hacia ella, ni excitación
sexual alguna. Continuó confuso por estos deseos tan limitados, y aunque
no quería sentirse atraido a hombres, experimentó sus primeros deseos
homosexuales cuando tenía quince años. Ralph entró en terapia cuando
tenía alrededor de veinticinco. Nunca se había involucrado en
comportamiento homosexual y esperaba ser capaz de superar sus
tentaciones homosexuales y casarse algún día.
Al principio de su tratamiento Ralph se dió cuenta de que se había
sentido excesivamente responsable por la felicidad de su madre durante
muchos años, y que esto le había supuesto una gran carga. Esa presión le
había causado un miedo inconsciente de intimidad con chicas. Bajo la
tensión de estos conflictos, las relaciones homosexuales parecen
atrayentes por estar libres de excesiva responsabilidad y de la
necesidad de rendir cuentas. Su mayor conocimiento de los miedos a un
compromiso de amor femenino le liberaron y le llenaron de esperanza para
el futuro.
Trauma Sexual en la Infancia
Un buen número de varones que fueron violados o abusados sexualmente en
su infancia desarrollan una confusión sobre su identidad masculina. Al
igual que con otras víctimas de violaciones, piensan que su
comportamiento debe haber causado de algún modo el abuso. Durante la
adolescencia, su relación con chicas está normalmente mermada por la
vergüenza y por la creencia que ninguna chica podría amarles en absoluto
si conociera sus experiencias sexuales.
Enfado
El tipo de enfado más significativo que induce el desarrollo de
atracciones homosexuales en la infancia es el enfado consigo mismo. Como
resultado de un continuado rechazo por parte de compañeros, muchos niños
adquieren un disgusto intenso por sus propios cuerpos y una visión de
éstos como débiles, poco atractivos y poco masculinos. Se encuentran tan
incómodos con su físico que no es extraño que pasen muchísimo tiempo
fantaseando sobre el escapar de sus cuerpos y entrar en el cuerpo de
otro. Esta ilusión enfermiza puede empezar cuando son jóvenes y llevar a
una fuerte atracción física hacia otros del mismo sexo.
La experiencia de ser sostenido y abrazado por alguien del mismo sexo
puede disminuir el auto-rechazo por algún periodo de tiempo. Sin
embargo, la icomodidad o el disgusto por el propio cuerpo perdura a
pesar de una afirmación, afecto, o actividad de tipo homosexual. Esto
ocurre porque el amor en una adolescencia tardía o más allá no puede
deshacer el odio de sí mismo experimentado en la infancia y temprana
adolescencia. En muchos homosexuales, el comportamiento de alto riesgo,
promiscuo, auto-destructivo, adictivo y sadomasoquista nace de un
intenso disgusto por sí mismos. También, el enfado consigo mismo como
varón puede llevar a disfrazarse de mujer. Finalmente, el colmo del
auto-odio y aversión por el propio cuerpo se puede observar en aquellos
que se someten a cirugía para cambiar de sexo.
Paul era sensible y dolorosamente tímido en cuanto a su pequeña
estatura. Aunque no se sentía directamente rechazado por sus compañeros,
se sentía débil e inadecuado. Puesto que no era fuerte físicamente
pensaba que no podía competir en ningún deporte. A medida que crecía en
él un sentido de aislamiento de sus compañeros, también crecía un
disgusto por su propio cuerpo. Le preocupaba mucho su apariencia y, de
hecho, nunca estába cómodo quitándose la camisa en el vestuario de la
escuela, o en la piscina en verano.
Antes de su adolescencia, Paul empezó a obsesionarse con los cuerpos
bien formados y musculares de sus amigos. A este pensamiento obsesivo le
siguieron fuertes sentimientos de atracción hacia estos chicos, y más
tarde deseos sexuales. Cuando empezó a actuar homosexualmente en la
Universidad, normalmente imaginaba asumir el cuerpo de sus compañeros
homosexuales y despertar con un físico diferente. Sus primeros
encuentros sexuales le dieron un muy superficial sentido de ser especial
y de ser amado. Aunque su comportamiento sexual producía breves subidas
emocionales, no le daban una mayor auto-aceptación. De hecho, a medida
que se deslizaba hacia la promiscuidad sexual se sentía cada vez más
incómodo consigo mismo, y entonces entró en terapia.
En un grupo reducido de gente la homosexualidad se origina a partir de
una desmedida necesidad de rebelarse contra los padres, los compañeros,
la cultura Judeo-Cristiana, la unidad familiar, o contra Dios. Al igual
que a mucha otra gente enfadada, les produce cierto placer este
comportamiento de rebelión. La conducta homosexual llevada por el enfado
se observa en aquellos cuyos padres del sexo opuesto eran extremadamente
controladores, emocionalmente insensibles, físicamente abusivos, o
profundamente narcisistas. A algunos de ellos les encanta que sus madres
sepan cómo su estilo de vida es el rechazo extremo de un amor femenino,
mientras que ellas disfrutan cuando sus padres comprueban que no sienten
necesidad alguna de una relación amorosa con un hombre.
Finalmente, el enfado excesivo se observa en otra serie de aspectos del
estilo de vida homosexual. El más notable es el enfado agresivo-pasivo,
que consiste en un silencioso desahogo de hostilidad mientras se
pretende no estar enfadado, y se manifiesta en la falta de informar a un
compañero sexual de que se porta el virus VIH. Estos hombres y mujeres a
menudo sienten que, puesto que ellos tienen que sufrir, otros también
deben hacerlo. También se observa un intenso enfado en homosexuales
dentro de los medios de información, o en los campos de educación,
política, tutoría y de salud mental, cuando intentan forzar nuestra
cultura para que cambie su opinión sobre la homosexualidad. Sus métodos
consisten a menudo en asaltos directos contra la moral Judeo-Cristiana,
la estructura familiar, y las diferencias básicas entre hombres y
mujeres.
La Curación de Atracciones y Comportamientos Homosexuales
La curación de aquellos que sufren atracciones homosexuales envuelve un
proceso de entender con compasión las heridas emocionales que se han
experimentado, resolver el enfado con aquellos que han infligido dolor a
través de un proceso de perdón, utilizar técnicas de conocimiento y de
comportamiento, admitir la impotencia frente al sufrimiento emocional, y
apoyarse en una espiritualidad Católica y en los sacramentos. Aunque
cada uno de estos pasos es importante, en mi experiencia clínica de los
últimos veinte años con cientos de adolescentes y adultos, la clave de
su recuperación ha sido el perdón y la espiritualidad. Ninguna medida de
perspicacia, amor y afirmación de otros adultos, determinación, o
mejoras de conocimiento y comportamiento pueden resolver las
profundamente grabadas heridas emocionales que arrastran estos
individuos. Sólo el amor de Dios es capaz de superar la dolorosa soledad
y tristeza, los miedos y las inseguridades, al proporcionar un
sentimiento de haber sido amado profundamente, de ser especial, y de
haber sido protegido en todas las etapas de la vida. A medida que las
heridas emocionales se curan, las atracciones y los comportamientos
homosexuales disminuyen, y con el tiempo desaparecen.
En cuanto al éxito de la psicoterapia en el tratamiento de la
homosexualidad, en 1962 Bieber[8] informó de una tasa de curación del
27%, basada en el psicoanálisis. Una encuesta reciente de 285
psicoanalistas que han tratado a 1.215 pacientes homosexuales reveló que
el 23% cambió hacia la heterosexualidad.[9] Estos tradicionales enfoques
de tratamiento no utilizan ni un proceso de perdón para resolver el
resentimiento interior ni una espiritualidad o meditación Cristiana para
la tristeza, la baja auto-estima, y la desconfianza. Con gran
diferencia, cuando el perdón y la espiritualidad Cristiana son partes
esenciales del tratamiento, ha sido mi experiencia que la tasa de
recuperación del dolor emocional y del consecuente comportamiento
homosexual se acerca al 100% en aquellos comprometidos al proceso.
Entender
Cada vez más varones con atracciones homosexuales están entrando en
terapia por miedo al SIDA. Muchos de ellos se resisten inicialmente a
reconocer que tienen heridas emocionales, por miedo a afrontar ese dolor
o por la influyente tendencia en nuestra cultura de pensar que no
existen conflictos psicológicos asociados con la homosexualidad. Sin
embargo, la mayoría de los que buscan un tratamiento están abiertos a la
verdad, y no se niegan a explorar las decepciones que se han llevado en
la vida. Su apertura aumenta si el terapista muestra optimismo y
confianza en la curación de las heridas emocionales que producen sus
tentaciones y comportamiento.
El identificar y entender los distintos tipos de conflictos emocionales
en las diferentes etapas de la vida son los primeros pasos en el proceso
de recuperación. Las heridas ocurren en su mayoría durante la infancia y
la primera adolescencia, y surgen de decepciones con padres, hermanos y
compañeros. Este dolor normalmente se niega, pero vuelve a emerger con
la máscara de tentaciones homosexuales en la primera adolescencia. Sin
embargo, para algunos, las atracciones homosexuales pueden no
manifestarse hasta pasados los veinte o incluso los treinta años. En
tales casos algún trauma ocurrido en la vida adulta suscita
inconscientemente los traumas sin resolver de la infancia y
adolescencia.
El mayor problema que se identifica en la fase-entendimiento del
tratamiento de atracciones homosexuales, en más del 70% de los varones
que yo he tratado, es una débil identidad masculina. Esta inseguridad es
la mayoría de las veces el resultado de un continuo rechazo de
compañeros y ocasional del padre por una mala coordinación psicomotriz
que limita las habilidades atléticas en baseball, basketball, football,
y la clase de gimnasia.
La segunda herida más común es la de un padre emocionalmente distante,
insensible y poco animador. Mientras que generalmente hay poca
resistencia a la hora de reconocer la herida de los deportes, muchos
hombres tienen gran dificultad en admitir cuánto han echado en falta
emocionalmente a sus padres, y lo muy profundamente heridos que se han
sentido cuando esas necesidades no fueron satisfechas. Tal resistencia
se puede superar en parte si el terapista comparte sus propias luchas a
la hora de afrontar decepciones con su padre.
Estas dos areas de trauma emocional no están siendo identificadas en
muchos varones porque los terapistas no reconocen la poderosa influencia
de las habilidades y experiencias atléticas y la relación con el padre
en la identidad masculina. Por diversas razones, ninguno de estos temas
tan importantes aparecen tratados en escritos de psicología.
La desconfianza en personas del sexo opuesto es la tercera causa más
común de atracciones homosexuales. A menudo esto es el resultado de
heridas de la infancia y adolescencia con un padre o madre que era
excesivamente controlador, dependiente, intensamente egoista,
emocionalmente distante o manipulativo, ausente, adicto, o no-funcional
como padre/madre en cualquier otro sentido. También, una experiencia de
amor adulto puede resultar en un gran miedo de ser herido por los del
sexo opuesto.
En la fase de entendimiento las mujeres identifican las heridas más
comunes que emergen y las predisponen hacia atracciones y comportamiento
homosexuales en la desconfianza de un amor masculino por trauma con un
padre u otros hombres y una falta de amor y afirmación de sus madres.
Con gran diferencia de los hombres, el rechazo de compañeras en la
infancia y la adolescencia ocurre muy raramente como factor
significativo en el desarrollo de atracciones homosexuales femeninas.
El narcisismo y enfado excesivo juegan un papel crucial en la dinámica
del comportamiento homosexual compulsivo. Finalmente, traumas sexuales
de la infancia y un excesivo sentido de responsabilidad por otros son
las causas menos frecuentes del comportamiento homosexual.
Conforme el proceso de entendimiento progresa, ocurren una serie de
cambios emocionales. Inicialmente, muchos dicen sentir alivio, felicidad
y agradecimiento porque por primera vez han sido capaces de identificar
alguna causa de sus actos y tentaciones ego-distónicos (esto es, que
siempre han sido percibidos como anormales). El dolor emocional puede
intensificarse por un periodo de tiempo a medida que la persona recuerda
y revive emocionalmente las heridas del pasado. A menudo esta es la
primera vez que se siente en toda su profundidad el dolor emocional de
tristeza, inseguridad, desconfianza y enfado. Algunos pacientes pueden
necesitar el apoyo de medicación durante esta fase de la curación.
Frente a la tarea de perdonar a aquellos que les han herido y de meditar
sobre la realidad del poderoso amor de Dios, algunos sienten alivio,
pero la mayoría sufre bastante.
Perdonar
La resolución de un enfado excesivo es esencial en la curación de varios
desórdenes emocionales y adictivos,[10] y en la curación de atracciones
homosexuales. Las dolorosas decepciones durante la infancia y la
adolescencia resultan en un enfado muy fuerte, tristeza, desconfianza y
baja auto-estima. No es posible resolver una soledad, miedo,
comportamiento compulsivo e inseguridad sin eliminar primero el poso de
resentimiento ligado a estas emociones. Los rechazos de la infancia por
compañeros y padres llevan primero a la tristeza, y después al enfado.
La emoción del enfado actúa entonces a modo de "cápsula" de la tristeza
en diferentes etapas de la vida. Para desalojar la tristeza, la cápsula
de enfado tiene que romperse. Y esto sólo puede hacerse por medio del
perdón, porque la expresión del enfado únicamente no libera en realidad
a nadie de un resentimiento o amargura interior.
Desafortunadamente, el todavía incipiente campo de la salud mental se ha
apoyado casi exclusivamente en la expresión del enfado como principal
mecanismo para tratar esta poderosa emoción. Aunque la expresión es
importante a veces, cuando se usa como único alivio del enfado tiene un
valor muy limitado, porque unas meras palabras o comportamientos no
pueden compensar la profundidad del resentimiento y amargura que se ha
negado acerca de relaciones infantiles y adolescentes. En el pasado, a
los que buscaban terapia para impulsos homosexuales raramente se les
retaba a resolver sentimientos de hostilidad con el padre y los
compañeros, ni tampoco se les daba ningún consejo sobre el perdón. El
fracaso en enfocar y recomendar un tratamiento efectivo para el enfado
oculto es una razón fundamental del por qué esa terapia tradicional no
producía más mejoras clínicas significativas. La otra razón era la falta
de entender el valor de la espiritualidad en el proceso de recuperación.
Después de analizar las traiciones y decepciones específicas de la
infancia, adolescencia y vida adulta, un ejercicio de perdón se
recomienda y se indica en esas relaciones. A los pacientes se les
informa al principio y regularmente durante el tratamiento que sin la
resolución del enfado asociado con las heridas del pasado es improbable
que sus tentaciones o comportamiento homosexual termine. Se les da la
opción de perdonar a tres niveles: el cognitivo, donde se toma la
decisión de perdonar aunque el individuo no tenga ganas de hacerlo; el
emocional, en el cual se llega a un entendimiento de aquellos que han
provocado la herida y en consecuencia la persona realmente siente ganas
de perdonar; y el espiritual, cuando la persona ha sido herida tan
profundamente que no puede de hecho perdonar, por lo cual pide a Dios la
gracia de perdonar, o que se lleve el enfado.
Al principio del proceso de perdón la persona intenta imaginarse a sí
mismo durante un episodio doloroso del pasado, tomando la decisión de
abandonar su enfado hacia quien le causó el dolor. Al mismo tiempo se
esfuerza para intentar comprender los motivos de esa persona que le
hirió. Este proceso normalmente empieza como ejercicio intelectual o
cognitivo, como una decisión de perdonar para superar el dolor, aunque
emocionalmente no se tenga ninguna inclinación a perdonar. Con
frecuencia una cantidad considerable de tiempo y de energías se gastan
en este nivel del perdón, antes de que alguien sienta verdaderas ganas
de perdonar.
A menudo el ejercicio de perdonar se recomienda en relaciones en las que
la persona no tiene, o tiene muy limitadamente, conocimiento consciente
de la presencia de enfado. Si así lo hace parecer su historia, se pide
al individuo que intente perdonar cada día a miembros de la familia o
compañeros por las diferentes ocasiones a lo largo de su vida en que
puedan no haber respondido a su necesidad de ser acepatado, amado,
animado, o abrazado. Esto conlleva a menudo un inmediato alivio
emocional; sin embargo, algunos descubren que se pasan semanas, meses o
incluso años pensando en ellos mismos como niños o adolescentes
perdonando a otros por decepciones específicas.
En algunos episodios de serio trauma emocional en la infancia y la
adolescencia, el dolor de la decepción es tan profundo que el perdón a
nivel natural es imposible. En tales casos ejercicios de perdón
espiritual es lo recomendado. El individuo deberá meditar
consideraciones como estas: la venganza pertenece sólo a Dios; Dios,
perdónales, porque no sabían lo que hacían; algún día Dios les
castigará; soy impotente ante mi enfado y quiero entregárselo a Dios.
Estas reacciones de perdón espiritual son particularmente efectivas con
los que fueron seriamente maltratados por compañeros; profundamente
traicionados por un padre, hermano, o esposo; o los que fueron abusados
sexualmente. Muchos se encuentran simplemente incapaces de perdonar, por
ejemplo, a un padre controlador o enfadado, y encuentran alivio al ser
capaces de ofrecer ese enfado a Dios.
El uso frecuente del sacramento de la reconciliación para los católicos
posee un enorme beneficio para los que descubren una intensa ira
interior e impulsos violentos de venganza, o los que necesitan más
gracia para facilitar la resolución de su enfado. Yo regularmente
recomiendo el uso de este sacramento en la curación del enfado asociado
con el desorden de la homosexualidad, particularmente para el enfado con
padres, compañeros o con uno mismo.
La utilización de ejercicios de perdón libera a aquellos que sufren
tentaciones homosexuales del sútil control que ejercen ciertos
individuos del pasado, les ayuda a olvidar experiencias dolorosas,
acelera la resolución de la tristeza y soledad, mejora la auto-estima a
medida que disminuye el enfado, reduce el sentimiento de culpabilidad,
lleva a un alivio de la ansiedad cuando desaparece el enfado, mejora la
abilidad de confiar, produce más compasión hacia los que infligieron
heridas y contribuye a una mayor acceptación del pasado. Conforme se
entiende mejor a los que causaron el dolor, se desarrolla la percepción
de que el comportamiento de muchos individuos puede atribuirse a sus
heridas emocionales, de que personas cercanas a uno le han amado tanto
como eran capaces de amar, y que muy raramente fue el dolor infligido
deliberadamente.
Con todo, el resentimiento más fuerte y el visto más frecuentemente es
el de aquellos que fueron víctimas de rechazo y ridículo, a quienes se
les convirtió en chivo expiatorio, normalmente por no ser buenos en los
deportes. Las víctimas de tal ridículo a menudo reaccionan desarrollando
un intenso enfado consigo mismas, a la vez que violentas fantasías de
venganza, incluso en ocasiones impulsos asesinos. Yo no he tratado nunca
con nadie que pusiera en acción ese tipo de furia; sin embargo, en la
presente cultura de violencia las inhibiciones ante el desahogo de
impulsos hostiles ha disminuido, y algunos adolescentes hoy en día están
trayendo pistolas a las escuelas y disparando a quienes les atormentan.
Para quienes albergan impulsos violentos como resultado de haber sido
chivos expiatorios, el resolver su profundo resentimiento puede
facilitarse mediante un proceso que empieza con la expresión física de
su enfado en formas que no hieran a nadie, por ejemplo, dando puñetazos
a una bolsa de boxeo, rompiendo objetos de poco valor, o mediante
ejercicios arduos y enérgicos. Esto debe seguirse inmediatamente con
ejercicios de perdón intelectual y espiritual que ayuden a renunciar a
sus deseos de venganza. También se consigue un alivio de impulsos
violentos cuando los pacientes se imaginan expresando esos impulsos e
intentan pensar que la venganza pertenece a Dios. Finalmente, el
sacramento de la reconciliación es extremamente útil en la curación de
este específico resentimiento por rechazo.
Muchos hombres que se sintieron emocionalmente abandonados por sus
padres e inconscientemente buscaron llenar ese vacio de amor paterno en
un comportamiento homosexual, tienen una gran dificultad inicial en
perdonar a sus padres. Pero si llegan a comprender la infancia que
tuvieron sus padres y se dan cuenta de que sus modelos de conducta
también fueron a menudo emocionalmente distantes, crece en ellos la
abilidad de experimentar compasión por sus padres. Uno puede entonces
llegar a entender que su padre le amó tanto como pudo, y empienza a
sentir deseos verdaderos de perdonarle. Sin embargo, los que fueron
abandonados por sus padres normalmente sólo experimentan un alivio de su
furia mediante ejercicios de perdón espiritual.
El proceso de perdonar a un padre en hombres y mujeres se facilita a
medida que estos individuos crecen espiritualmente y desarrollan una
relación con Dios Padre como su otro padre atento y amoroso en cada
etapa de la vida. El amor de Dios disminuye los sentimientos de haber
sido defraudados y facilita muchísimo el renunciar al resentimiento que
guardan a sus padres.
Algunos se dan cuenta que el perdón les llevará a considerar la dolorosa
realidad de decepciones en muchas relaciones, y no se atreven a perdonar
hasta que se les asegura que habrá un amor que les sostendrá,
confortará, y aliviará el dolor que produce perdonar. Ese miedo de
perdonar es una de las razones por las que comunico a mis pacientes al
principio del tratamiento que el caer en la cuenta de la verdad del amor
de Dios Padre como otro padre, de Jesús como mejor amigo y hermano, y de
María como otra madre amorosa, es esencial para la curación de heridas
de la infancia, adolescencia y vida adulta.
Espiritualidad Católica
Los aspectos principales de la espiritualidad católica que juegan un
papel esencial en la curación de las heridas emocionales que condicionan
comportamiento y atracciones homosexuales son: la oración de petición,
la meditación, la Sagrada Escritura, el Rosario, las horas santas, la
Eucaristía, el sacramento de la Reconciliación y la dirección
espiritual. Una vez que el conflicto básico se ha identificado y
entendido, la mayoría de los individuos utilizan regularmente cada uno
de estos aspectos de la espiritualidad en su recuperación. Sin embargo,
algunos encuentran un método de oración que les ayuda en particular. Por
ejemplo, los que fueron rechazados repetidamente por sus compañeros a
menudo descubren particular cónfort y seguridad al pasar tiempo cada día
meditando y visualizando a Jesús a su lado en diferentes momentos de su
niñez y adolescencia, siendo su mejor amigo cuando se sentían sólos y
aislados.
La Herida de los Deportes
En los niveles iniciales del tratamiento los que poseen esta dolorosa
herida a menudo encuentran tanta furia interior hacia los que les
rechazaron que se ven incapaces de perdonar. Este resentimiento, que
principalmente se alberga contra compañeros, también se dirige a Dios,
por no haberles concedido habilidades atléticas. En un intento por
resolver este enfado, Lou, víctima de rídiculo por parte de hermanos y
compañeros a causa de su mala coordinación en los deportes, y resignado
a abandonar la idea del sacerdocio a causa de sus atracciones
homosexuales, expresó a Dios su profunda decepción por no haberle
concedido esas dotes. Le manisfetó a Dios de palabra su fuerte
sentimiento de abandono con el terrible sufrimiento del ridículo de sus
compañeros, soledad, y profunda inseguridad masculina simplemente porque
no había recibido abilidades atléticas. Lou necesitaba primero liberar
su enfado con Dios antes de que pudiera abandonar la furia contra sus
compañeros.
Logró ese objetivo a base de llevar frecuentemente su resentimiento al
sacramento de la Confesión. Una vez que aumentó su confianza en Dios,
fue capaz de entregar los múltiples niveles de resentimiento contra sus
compañeros reflexionando en que la venganza pertenece a Dios, y
considerando su impotencia ante el enfado y su deseo de dejarlo en manos
de Dios. Esas intervenciones espirituales en la furia de su infancia y
adolescencia le proporcionaron un significativo alivio emocional, y
paulatinamente rompió el control que ejercían sobre su auto-estima
aquellos que le habían herido. Conforme su enfado disminuyó, creció su
comprensión hacia los que le habían hecho sentir inadecuado. Lou llegó a
ver que los compañeros que le habían atormentado tenían envidia de su
inteligencia superior, que eran a su vez muy inseguros y provenían de
familias con problemas. Ese entendimiento más tarde le permitió sentir
compasión por los atormentadores de su infancia, y luego le llevó a
querer intentar perdonarlos.
Los hallazgos preliminares sobre el resentimiento de Lou fueron
esenciales en las etapas iniciales de su recuperación. Luego necesitó
curar las heridas de rechazo de sus compañeros, soledad e inseguridad
masculina. Pero esas heridas emocionales no se pueden resolver por medio
de la terapia tradicional. Afortunadamente, la espiritualidad católica
sí puede, mediante un proceso que lleva a crecer en el convencimiento de
la presencia real, amorosa y aceptadora del Señor durante los momentos
de dolor y aislamiento del individuo en su infancia, adolescencia y vida
adulta. El darse cuenta de que Jesús es el mejor amigo de uno empieza
por la meditación. El individuo intenta imaginar al Señor con él en el
campo de deportes, en el gimnasio o en el vecindario, aceptándole y
reafirmándole. En esa meditación se puede considerar al Señor
comunicando a uno pasajes de la Escritura, como el de Juan 15:9, "Como
el Padre me ha amado, yo también os he amado." A veces Lou se imaginaba
al Señor entre él mismo y los que le ridiculizaban, diciéndole que le
amaba muchísimo y que nunca le traicionaría.
Lou también se dió cuenta del amor único y amistad del Señor con él en
sus frecuentes horas de oración. Durante ese tiempo entregaba a Dios su
inseguridad masculina y su soledad, e intentaba estar abierto para
recibir su amor. A medida que veía como el Señor había estado con él en
su adolescencia, aumentaba su confianza con Jesús, permitiéndole estar
más abierto a su presencia amorosa en etapas anteriores de su vida.
También, su confianza en el amor de Dios aumentó al acudir más a menudo
a la Eucaristía, y a pedir allí específicamente por la curación de sus
atracciones homosexuales y del dolor emocional que las causaba.
Finalmente, un director espiritual le ayudó de muchas maneras,
especialmente a oir cómo el Señor le hablaba por medio de las
Escrituras.
Paulatinamente, Lou reconocía mejor cómo el Señor había estado con él
cuando era un niño y adolescente solitario e inseguro. El caudal de amor
de Dios que esto suponía reforzaba su identidad masculina y le hacía
sentirse muy especial, a pesar de no tener dotes atléticas, le curaba de
su profunda tristeza y llenaba el vacío de su pasado. Conforme esto
ocurría, las tentaciones homosexuales de Lou disminuyeron gradualmente.
Ya no necesitaba involucrarse en relaciones sexuales con otros hombres
para sentirse aceptado y realizado como hombre joven.
Antes de que las heridas de su infancia y adolescencia fueran curadas
completamente, experimentaba tentaciones periódicas. Su respuesta era
pedir al Señor que curara la soledad de su pasado, que le protegiera de
la soledad y le reforzara la confianza en los especiales dones
masculinos que le habían sido dados. También descubrió al principio de
su curación que el rezarle a la Virgen le ayudaba a la hora de la
tentación, y se habituó a rezar el Rosario diariamente por su curación.
La curación de Lou duró varios años. Luego fue capaz de dedicarse a la
preparación para el sacerdocio.
En los últimos veinte años he visto un gran número de hombres solteros y
casados, seminaristas, religiosos y sacerdotes que habían sido
seriamente rechazados en su infancia y adolescencia, y cómo se libraban
de su dolor y comportamiento homosexual por medio del uso del perdón y
de una espiritualidad católica. La Eucaristía, el sacramento de la
Confesión, meditación, dirección espiritual, las Escrituras, horas
santas y el Rosario han hecho posible estas curaciones. En su
trayectoria hacia esta plenitud la mayoría encuentran periodos de fuerte
desánimo, recaídas, intenso enfado, e incluso desesperanza. Sin embargo,
con la perseverancia y la la gracia de Dios se acaban resolviendo las
heridas emocionales, las atracciones y comportamientos homosexuales.
La Herida Paterna: Tristeza, Inseguridad y Miedo.
La soledad y falta de afirmación en la relación paterna es la segunda
causa más común de la homosexualidad. Para estar psicológicamente sanos,
los niños necesitan experimentar un chorro de amor y ánimo de sus
padres. Cuando esto no ocurre, desarrollan una tristeza e inseguridad
interior. Esto último ocurre porque los niños idealizan a los padres, y
si sus necesidades emocionales básicas no son satisfechas, entonces
tienden a creer que algo debe ir mal consigo mismos. La herida de
inseguridad es particularmente dolorosa en los varones, porque no
reciben la validez necesaria de la persona que ha de constituir su
modelo de conducta. La herida paterna es muy prevalente, particularmente
hoy con el colapso de la familia.
La mayoría de varones con padres distantes no luchan con la
homosexualidad, porque su identidad masculina ha recibido validez
mediante la aceptación de compañeros en competiciones atléticas. Sin
embargo, algunos hombres incluso así experimentan fuertes atracciones
homosexuales en un intento inconsciente de llenar el vacio que ha dejado
un padre enfadado, ausente, o negativo.
Al explorar las decepciones de una relación padre-hijo, a menudo se
encuentran mecanismos de defensa muy poderosos, especialmente en
varones. Una forma eficaz de afrontar esta resistencia es que el
terapista comparta con su paciente diversas formas en las que él mismo
ha perdonado a su padre por decepciones del pasado. Este proceso de
perdonar a un padre es extremadamente difícil para muchos, tan difícil
que sienten como si no hubiera forma posible de hacerlo. En tales casos
el perdón espiritual es muy efectivo contra el resentimiento. Aquí,
también, es esencial que en la curación de la herida paterna el enfado
se quite, para que la tristeza que hay debajo se resuelva.
Muchos hombres se involucran en comportamiento homosexual altamente
promiscuo en un intento inconsciente frustrado de satisfacer el ansia de
amor paterno infantil y adolescente. En un esfuerzo para ayudar a estos
hombres, algunos terapistas sugieren que el adulto intente curar al niño
herido que hay dentro de ellos, amándole más. Pero este enfoque no
produce un alivio emocional continuado porque el niño que hay dentro
ansía el amor de un padre, no un amor propio, y el adulto en que se ha
convertido no estaba presente en los momentos en que el niño deseaba ser
aceptado y amado por su padre. Sólo un conocimiento de la presencia de
Dios Padre durante la infancia y la adolescencia puede llenar el vacío y
curar la herida.
El enfoque espiritual inicial es sugerir que la persona empiece a
mejorar su relación con Dios Padre. Puesto que la gracia funciona en
base a la naturaleza, la mayoría de los que tuvieron padres distantes o
con problemas también tienen gran dificultad para confiar en Dios Padre.
No se sintieron seguros con sus propios padres y, en consecuencia,
tienen que forzar una actitud abierta con Dios Padre. Puesto que el
miedo nace de un enfado inconsciente, a medida que perdonan a sus padres
disminuye su desconfianza.
Crecer en confianza con Dios Padre se facilita rezando a Jesús
pidiéndole específicamente ese don. Algunos imploran a Jesús que les
ayude a confiar en el amor de "Abba," igual que él lo hizo. Una vez que
la confianza comienza a aumentar, se pide a la persona que medite
durante dos ratos de quince minutos diariamente sobre Dios Padre como su
otro padre amoroso en cada etapa de la vida. A algunos les ayuda
imaginar al Señor llevándoles de la mano como niños o adolescentes y
conduciéndoles a una mayor intimidad con el Padre. Otros piden al Señor
simplemente que les ayude a conocer mejor al Padre. Reflexionar a lo
largo del día que "Dios es mi padre" es un refuerzo para muchos. Leer
las Escrituras, rezar despacio el Padre Nuestro y buscar la Eucaristía
como curativo le permiten a uno crecer en el conocimiento del amor del
Padre. Lo esencial aquí es es darse cuenta del amor del Padre hacia uno
cuando niño y adolescente.
La experiencia del amor de Abba entrando a raudales en uno auyenta la
soledad, inseguridad y desconfianza que había adquirido de su padre.
Paulatinamente, las tentaciones homosexuales disminuyen y en último
término desaparecen cuando la herida paterna se cura de esta manera. El
amor de Dios Padre refuerza a estos individuos cuando aparece alguna
tentación de actuar homosexualmente, y no sucumben ya inmediatamente
como hacían en el pasado. Al contrario, piden al Señor que les muestre
el stress emocional que está causando la tentación y que lo cure. A
menudo les sorprende agradablemente la fiel respuesta del Señor a tal
oración. Estas pruebas aumentan su confianza en que el poder de Dios
puede realizar la curación completa de su homosexualidad.
Las mujeres que se retraen en la homosexualidad por miedo al amor
masculino, ocasionado por traumas infantiles y adolescentes con sus
padres, crecen a medida que aumenta su sentido del amor del Padre por
ellas. Cuando pueden por fin sentirse cómodas confiándose al cuidado
providencial de Dios Padre, a menudo se encuentran más conformes a
volverse vulnerables a los hombres. Esta etapa es seguida regularmente
por sentimientos de atracción, y después de amor.
Los sentimientos homosexuales de Diane eran el resultado directo de una
vida familiar con un padre alcóholico y explosivo. Durante años se vió
envuelta emocional y sexualmente con mujeres, pero a la vez se sentía
muy insatisfecha. Al principio de su recuperación Diane tenía gran
dificultad en perdonar a su padre por todas las ocasiones en las que
había herido a su madre y había creado kaos en sus vidas. Al darse
cuenta de que no podía perdonarle, se sentía más cómoda reflexionando
las palabras de Cristo en la Cruz y aplicándolas a su padre, "Padre
perdónales porque no saben lo que hacen." Conforme su enfado disminuía
llegó a conocer a Abba como su otro padre amoroso y protector. Ese amor
afectuoso le confortaba y disminuía el control de su padre sobre sus
relaciones. Diane creció en seguridad y en atracción por los hombres, y
se convenció que el Padre le protegería y supliría la falta de
protección de su propio padre.
En respuesta al amor de Dios, Diane desarrolló un fuerte deseo de
servirle y de hacer su voluntad en todas sus relaciones. También, un
mayor conocimiento de su fé le llevó a considerar lo pecaminoso de la
homosexualidad[11]y a desear evitar tal pecado. El cuidado providencial
de Dios se convirtió en una fuerte base sobre la que Diane creía poder
comenzar una relación amorosa con un hombre.
La Herida Materna: Tristeza, Desconfianza e Inseguridad
Las heridas de infancia y adolescencia provocadas por madres que eran
poco afectuosas, distantes, enfadadas, insensibles, egoistas,
controladoras, excesivamente dependientes, emocionalmente enfermas, o
adictas, llevan a un comportamiento y tentaciones homosexuales en
algunos individuos. Tras reconocer esas heridas y empezar el proceso de
perdón, el siguiente paso en el camino de la curación es el de pedir a
la persona que considere la realidad espiritual de María como otra madre
o amiga amorosa, entregada, alegre, y digna de confianza en cada etapa
de la vida. La experiencia del amor de María puede llenar el vacío y la
soledad en la relación materna, llegar a constituir una nueva base para
confiar en las mujeres, reforzar la auto-confianza, y resolver las
atracciones y comportamientos homosexuales.
Sue tenía gran dificultad al pensar inicialmente que debía poner su
confianza en María como otra madre cariñosa, porque su propia madre era
tan insensible con ella. Aunque entendía que su madre de pequeña tampoco
habría sido bien tratada por la que fuera su madre, y el perdonarla le
liberaba emocionalmente, todavía seguía teniendo miedo del amor de
María. Le desanimada saber que sólo el amor de otra madre podría curar
la tristeza infantil y el hambre de madre que alimentaban sus
tentaciones homosexuales. Afortunadamente, cuando empezó a pedir
diariamente al Señor que la ayudara a apoyarse en el amor de Su madre,
como había hecho El, su abilidad de confiar en María creció lentamente.
A Sue le ayudaba meditar en frente de una foto de María sosteniendo al
niño Jesús, y rezar el Rosario. Cuando sentía tentaciones, meditaba
sobre cómo María era la mujer amorosa y alegre en su vida, y no otra.
Pete tenía dificultad en confiar en María inicialmente, porque temía que
sería tan exigente y controladora como lo había sido su madre. Se
retraía en la homosexualidad porque temía volverse vulnerable y ser
dominado por una mujer. Pete adelantó muchísimo en su recuperación al
intentar imaginarse a María como una madre muy dulce, segura, y confiada
que no quería dominar su vida, y al considerar que nunca le había
traicionado. Conforme creció su confianza en ella a base de oración,
dirección espiritual, y el Rosario, sus miedos del amor femenino
disminuyeron. María se convirtió para él en una compañera amorosa que le
ayudó a abrir su corazón a las mujeres.
La dependencia excesiva de la madre de Ralph sobre él, por la ausencia
paterna, le produjo una asociación negativa del amor femenino. Aunque
atraido a las mujeres y esperando casarse algún día, veía la intimidad
con una mujer cargante y agotadora. Ralph meditó primero imaginándose al
Señor entre su madre y él levantando de sus espaldas las pesadas cargas
que había sentido por hacerla feliz. En la Misa ponía a su madre en el
altar y consideraba que Jesús la salvaría, no él. Poco a poco el Señor
le liberó de su excesivo sentido de la responsabilidad. Después, le
ayudaba muchísimo meditar que María había estado a su lado en el pasado
como una madre alegre y entregada. Con esta curación se produjo una
mayor apertura en relaciones con chicas y un fuerte deseo de casarse.
La Herida del Enfado
Paul recordaba siempre odiar su cuerpo porque, desde tercer curso, lo
veía pequeño y débil. Le avergonzaba su falta de músculo y su corta
estatura. Su enorme necesidad de aceptación le llevó a un estilo de vida
extremadamente promiscuo.
Paul empezó a sentir remordimientos tras darse cuenta de que no había
acepatado el cuerpo que Dios le había dado. Su curación progresó a
medida que fue más agradecido por su cuerpo, rechazó el deseo de ser
otro, consideró que su alma era mucho más importante que su cuerpo, y
agradeció sus especiales dotes masculinas. Cuando meditaba que Jesús
había estado con él en cada etapa de su vida, Paul sentía que el Señor
le mostraba que la masculinidad verdadera es a los ojos de Dios. Esta
experiencia del amor afirmativo de Dios con él de niño y adolescente le
liberó del odio que sentía hacia sí mismo, y del profundo sentimiento de
ser inadecuado como hombre. Finalmente, las gracias de la Eucaristía y
del sacramento de la confesión fueron de enorme beneficio en su mayor
auto-aceptación.
Desórdenes Adictivos
El alcohol, las drogas y las adicciones sexuales convergen a menudo en
los que sufren promiscuidad homosexual. El comportamiento homosexual del
Padre Mike siempre iba precedido de excesos en la bebida, como resultado
de sus luchas contra la soledad. Pudo superar su comportamiento
homosexual completamente al acudir regularmente a las reuniones de
Alcohólicos Anónimos, dejar de beber, hacer uso de la meditación,
dirección espiritual y los sacramentos para combatir su soledad.[12]
En aquellos que son verdaderamente adictos sexuales los primeros pasos
de tratamiento tratan de facilitar que acepten su adicción, que se
abandonen en su impotencia, que se crean que no podrán recuperarse sin
el amor y asistencia de Dios, y que atiendan un grupo de adicción sexual
basado en los Doce Pasos, como por ejemplo Sexaholics Anonymous.
También, participación semanal en grupos de recuperación homosexual,
como Courage, Homosexuals Anonymous, o Harvest, que pueden ayudar
enormemente. Quienes sientan demasiada vergüenza de asistir a tales
grupos pueden obtener los nombres de gente que ya han avanzado en su
recuperación y que pueden actuar de sponsors. Así, si se ven en gran
tentación, pueden acudir a estos sponsors en busca de apoyo, oración y
ánimo. Aunque los grupos de adicción basados en los Doce Pasos ayudan
bastante, en mi experiencia clínica he observado que el comportamiento
adictivo no se controla del todo hasta que las heridas emocionales que
hay debajo no se curan.
Narcisismo
El narcisismo es un desorden muy poderoso que alimenta el comportamiento
homosexual de mucha gente. Esta debilidad personal no se supera
fácilmente porque se teme abandonar una vida de auto-indulgencia
irresponsable y descontrolada. Es el desorden clínico más directamente
responsable de el fracaso en recuperarse de una homosexualidad. Muchos
comienzan una curación y acaban cayendo en una vida de placer
superficial y hedonista.
Si los que padecen este desorden pretenden recuperarse, necesitarán
comprometerse a un plan de vida espiritual altamente disciplinado. Tal
programa incluye confesión semanal, crecer en las virtudes de
mortificación y humildad, meditación frecuente de la Pasión del Señor,
dirección espiritual, retiros frecuentes, una relación íntima con María,
el acabar con amistades insanas, lectura diaria de las Escrituras y
asistencia diaria a Misa.
El Sentido Excesivo de Responsabilidad
El comportamiento homosexual anónimo de Jim se desarrolló como un
intento de evadir las presiones y exigencias excesivas de su vida
personal y profesional. Con la ayuda de la gracia divina aprendió a
poner al Señor lo primero en su vida, no el trabajo, y le entregaba sus
responsabilidades al Señor diariamente, le pedía que le curara de su
tendencia a sentirse excesivamente responsable, leía las Escrituras cada
noche y, lo más importante, intentaba reforzar una amistad amorosa con
su mujer. El tomar estos pasos quitó el agotamiento y vacio interior, y
le permitieron a él y a su esposa realmente disfrutar de su vida de
casados juntos.
Traumas Sexuales de la Infancia
Los varones que sienten confusión acerca de su identidad sexual como
resultado de abusos sexuales en la infancia normalmente albergan
impulsos violentos inconscientes contra sus abusadores. Estos
pensamientos de venganza se pueden eliminar al entregarlos diariamente a
Dios y al reflexionar que la venganza pertenece al Señor. Los recuerdos
específicos de abuso también pueden ser muy tormentosos y crear mucha
confusión; pero se pueden superar si se entregan al Señor diariamente y
se le pide que cure esas memorias.
La confusión de identidad disminuye a medida que el dolor emocional
severo que rodea al trauma también decrece. La identidad masculina se
refuerza agradeciendo al Señor las dotes masculinas de uno, creciendo en
el sentido de la filiación divina, identificándose con las cualidades
positivas del padre de uno, o de otros familiares varones, y pidiendo la
curación en la Eucaristía.
Conclusión
Existe una necesidad urgente de examinar la verdad acerca de la
homosexualidad, moral y psicológicamente. Recientemente, el Papa Juan
Pablo II dijo, "...Necesitamos ahora más que nunca tener la valentía de
mirar la verdad a la cara y de llamar a las cosas por su nombre, sin
dejarse llevar de compromisos por conveniencia o de la tentación del
auto-engaño."[13]Como maestra de la verdad, la Iglesia afirma en el
Catecismo que "los actos homosexuales son actos de gran depravación,
intrínsicamente desordenados, y bajo ninguna circunstancia
aceptables."[14]
Psicológicamente, las atracciones y los actos homosexuales vienen de
unas muy específicas heridas emocionales y de conflictos infantiles,
adolescentes y adultos. Estas heridas no han sido plena y claramente
identificadas en el pasado por los profesionales de la salud mental, ni
han sido curadas en la mayoría de los casos. Las razones de esto son que
el campo de la salud mental está aún en etapa de desarrollo y no ha
entendido ni incorporado el perdón como remedio al enfado por traición
tan significativo en estos individuos, ni ha proporcionado una
espiritualidad Cristiana para resolver la tristeza, desconfianza, baja
auto-estima, y comportamiento adictivo. Afortunadamente, la
espiritualidad Católica combinada con una buena psicoterapia puede
resultar en la curación completa de las personas con ese desorden.
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[1] Apéndice I del libro The Truth About Homosexuality, la verdad sobre
la homosexualidad, Ignatius Press: San Francisco, 1996.
[2] D. Blackenhorn, America sin Padre, (New York: Basic Books, 1995).
[3] J. Nicolosi, NARTH Bulletin 2 (1994): 10
[4] J. Gudel, "Homosexuality: Fact and Fiction", Christian Research
Journal, (summer 1992): 32
[5] C. Horowitz, New York (February 22, 1995): 30
[6] Newsweek, (September 19, 1994): 50-51
[7] The Advocate, (August 23, 1994): 50-51
[8] I. Bieber, I. Homosexuality: A psychoanalytic study. (New York:
Basic Books; 1962).
[9] H. MacIntosh, H. "Attitudes and Experiences of Psychoanalysts in
Analyzing Homosexual Patients," Journal Amer. Psychoanalytic Assoc. 42,
(1995): 1183-1207.
[10] R.P. Fitzgibbons, (1986) "The Cognitive and Emotive Uses of
Forgiveness in the Treatment of Anger," Psychotherapy 23, (1986):
629-633.
[11] Joseph Cardinal Ratzinger, "And the Truth Will Make You Free."
Letter to Bishops of the Catholic Church on the Pastoral Care of
Homosexual Persons, Sacred Congregation for the Doctrine of the Faith,
San Francisco: Ignatius Press (1986): 4-7.
[12] R.P. Fitzgibbons, "Identifying, Resolving Loneliness in Priestly
Life", The Priest, (September 1989): 10-17.
[13] John Paul II, Carta Encíclica El Evangelio de la Vida, (1995):
103-4.
[14] Catecismo de la Iglesia Católica, New York: Catholic Book
Publishing Co., (1994): 56
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